Un pedacito de Campeche: las murallas

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Un pedacito de Campeche: las murallas

Compartiendo la responsabilidad de la navegación marítima comercial

con el puerto de Veracruz y Tampico, durante desde

la  época de la Colonia, Campeche fue uno de los principales

puertos de escala en el Golfo de México.

Por aquellos años, la economía de sus habitantes prosperó notablemente, gracias el intenso comercio que se daba entre la metrópolis y sus colonias.

Pero era también una época en la que las naciones poderosas debatían entre ellas por apoderarse de las riquezas que saqueaban del llamado Nuevo Mundo y surgieron actividades delictivas, en ocasiones soslayadas por los propios gobiernos, en contra de sus rivales políticos y económicos.

Así, proliferó la piratería y menudearon los llamados corsarios, que eran precisamente aquellos que recibían la “patente de corso”, una especie de permiso de sus gobiernos para dedicarse a apropiarse de las mercancías de algún gobierno adversario.

En Campeche se producía un arbusto, haematoxylum campechianum, conocido como palo de tinte o, precisamente, palo de Campeche, cuya madera se utiliza en la fabricación de tintas, muy apreciadas para la industria textil. Su nombre científico significa “madera que sangra”.

Ese producto estaba constantemente en la mira de los filibusteros, quienes obtenían grandes ganancias ofreciéndoselo a los grandes talleres textiles en aquellos países, pues por su color encarnado se cotizaba a precios de oro.

Estos piratas comenzaron a merodear la bahía de Campeche y a tener incursiones armadas, con el fin de apoderarse de la preciada mercancía.

Por supuesto, este constante asedio llevó a varios gobernadores provinciales y virreyes a tomar medidas de protección contra la amenaza que suponían los saqueos del puerto y bahía, por lo que comenzaron a construir fortines amurallados que pusieran un freno a los desmanes y como protección de las vidas de los pobladores.

Desde la fundación de la Villa de San Francisco de Campeche, en el siglo VXI, se inicia la construcción de las primeras murallas militares, como consecuencia del auge económico que surgió desde el principio.

Esta primera muralla tenía ocho baluartes y cuatro puertas, y estaba reforzada por el fuerte San Miguel.

En los siglos que siguieron, muchas otras murallas, fuertes y baluartes se erigieron; algunos han sobrevivido hasta nuestros días, otras fueron abandonadas y derruidas.

El baluarte  de San Carlos  data del siglo XVII (1676) y fue erigido, con una forma  pentagonal, en honor de Carlos  II  de España. Actualmente se llega a él a través de un pontón y se pueden apreciar los cañones es sus cureñas; es un paseo muy interesante ya que alberga del título de ciudad concedido a Campeche el 1 de octubre de 1777, así como muebles, armas, esculturas y réplicas de planos.

Desde la azotea del baluarte de Santa Rosa se pueden ver los tres garitones que formaban parte del puesto de vigilancia.

Con el último de los ocho baluartes, el de Santiago, patrono de las conquistas españolas, construido en 1704, quedó amurallado el recinto de la ciudad.

El de San Pedro, que alberga actualmente las oficinas del INAH y donde se combatió al general Santa Anna, y el de San Francisco son otros de los baluartes cuyas murallas fueron testigos de las incursiones de piratas tan famosos como el legendario Lorencillo o el temerario  Morgan.

 

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